La Pose

Llevo pisando escenarios desde que era un niño, y siempre me he reprochado el no ser capaz de mostrar una buena pose. Siempre que he pisado las tablas ha sido con una guitarra, hasta que fui profesor y la cambié por una tiza.

La pose es fundamental en el escenario. En el mundo de las artes, la pose completa el mensaje y da contexto a la obra. Lo que me hace que mi cabeza de vueltas como la niña del exorcista es ver que la pose ha dejado los “tablaos” para invadir la política, la religión, la filosofía,… y todas las disciplinas de conocimiento, donde la pose debería brillar por su ausencia.

Cuando uno hace arte, busca en el abstracto una forma de expresar una verdad, una emoción, una contradicción, que hace de la vida algo hermoso u horrible. Muestra una verdad íntima absolutamente ilógica para con la realidad, una verdad humana íntima y que se hace universal, desde lo más íntimo del individuo.

Pero cuando uno se propone encontrar la verdad (para lo cual, primero hay que creer que esa verdad existe) y transmitirla, la pose estorba. Si un capitán de barco tuviera que mantener una pose mientras dirige el barco, y se preocupara más de la pose que de su oficio de capitán, la nave acabaría en el fondo del mar sin remedio. Y algo parecido ocurre cuando alguien da a entender que busca la verdad, da un discurso sobre ello, y está más pendiente del “personaje” que interpreta que del mensaje que quiere transmitir.

Por eso, a la pose y a mí, nos ha costado siempre tanto encontrarnos en el escenario, porque he estado más pendiente de tocar bien, que de adornar la actuación.

Si alguien que no es actor o artista, da un discurso y se centra mas en la pose que en el contenido del discurso:sospechad.

O bien no se cree que haya una verdad que merezca la pena defender y convierte el discurso en un espectáculo, o bien está más preocupado de que le quieran o le odien ( la reacción del público) que del discurso. En cualquier caso, si detectáis a un personaje así, iros corriendo a ver una buena película, un buen concierto, o pasar un buen rato con los colegas hablando de lo que os dé la gana. No perdáis el tiempo, y más importante, no perdáis vuestra preciada ignorancia, porque es mejor no saber nada de algo a que te confundan con ideas contradictorias sobre lo que no sabes.

Si véis a algún loco que trata de encontrar la verdad, da igual lo mucho o poco que sepa, convertirle en vuestro amigo y que no os importe lo que parezca o deje de parece, porque lo único que importa es quién es realmente, da igual que vista de Armani o lleve una camiseta llena de chorreras. Si veis al “doxósofo”, el que busca imponer su opinión sin argumentarla, no perdáis el tiempo, porque es lo más valioso que hay en esta vida.